Empezó con un intensa y a la par misteriosa agonía, sus ojos se cerraron y, de pronto, se dejaron de oir sus latidos.
El cuerpo se mostraba inerte, sin vida, poco se diferenciaba a una muñeca de trapo.
Pero un tiempo después, aún dado por hecho que ese corazón no recuperaría su anterior ritmo, se empezaron a oir los primeros latidos:
"Pum pum, pum pum"...
No se percibía otra cosa en la habitación. Empezaron a tomar un pulso más acelerado, hasta casi no se diferenciaba un latido del anterior.
Y ese pulso se mantiene hasta día de hoy, cuando esa persona, aun dándolo todo por perdido, dió esperanzas a esa pobre muñeca de trapo que, poco después, volvió a sonreir
